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El país vive su mayor tragedia de navegación con un naufragio de un cayuco el pasado día 11 de enero, en la isla Pecixe-Biombo.
No eran personas intentando alcanzar el sueño europeo, quizás por eso esta noticia no trascienda mas allá de los habitantes de este país tan acogedor como olvidado. El objetivo de quienes día tras día tienen que arriesgar sus vidas era tan solo alcanzar la costa de su propio país. Viven en las islas del archipiélago de Guinea-Bissau y se trasladan a diario en precarios cayucos a tierra firme para intentar conseguir unos francos cefar, la moneda de la unión de los países del oeste de áfrica. Una unión que intenta emular a la de su vecina Europa, pero con una salvedad, la corrupción existente en estos países africanos, fomentada a su vez por los europeos, condena a vivir a millones de personas en situaciones límites como forma habitual de vida.
80 personas se trasladaban en un cayuco con capacidad para 30. Carecían de las más elementales medidas de seguridad marítima. Chalecos salvavidas, véngalas de señalización, …etc, son lujos fuera de su alcance. Durante los traslados solo se escucha el ruido del motor, y el silencioso rezo de quien no puede dejar de pensar en lo arriesgado pero a la vez necesario del trayecto. Un silencio tan solo roto cuando la embarcación zozobra. Los gritos de desesperación de quienes se saben de una muerte segura, porque ni tan siquiera han tenido la oportunidad de aprender a nadar. El oleaje y las frías aguas hacen el resto. El gobierno de Guinea Bissau, lejos de asumir cualquier tipo de responsabilidad, y como medida extraordinaria ha decretado un día de luto nacional. Las indemnizaciones a las familias de las víctimas nunca llegarán, sencillamente porque ni tan siquiera se contemplan. Como tampoco llegará ninguna regulación para evitar futuros accidentes. La prioridad política es llenarse los bolsillos antes de que otro usurpe su puesto mediante un golpe de estado, o unas elecciones anticipadas, mas ilegitima aún que la anterior. El quita y pon de presidentes se lo disputan la U.E. y EE.UU. a su antojo. Continuarán financiando acuerdos de colaboración sin control alguno del gasto, como es el caso de España, la cual entrega un millón de euros anuales al Gobierno de Guinea Bissau sin la más mínima observancia de que sea invertida en el bienestar del pueblo, a cambio de que le permitan continuar esquilmando sus bancos de pesca y controlando la inmigración. Bajo la bandera de medidas contra las crisis, cuando las hay, o del sostenimiento de nuestra calidad de vida, cuando la bonanza económica es más que evidente, justificarán aquellos políticos sin escrúpulos sus ataques contra el sur, y la población del norte consentidores de esta situación, temerosos de compartir o ralentizar su calidad de vida, serán cómplices necesarios. Cada cayuco que se hunde, cada paludismo que mata, cada niño que muere de hambre, es un asesinato que cometemos. |